Pitol deja huella difícil de superar

 

 

Ciudad de México, 14 de abril (SinEmbargo).- Hoy fue uno de esos días en que llovía pero no. Al rato salía el sol y al rato los árboles se movían como en tormenta tremenda. A la mañana temprano, la noticia de la muerte de acaso el mayor intelectual mexicano, Sergio Pitol (1933-2018) sacudió de esa manera, un poco para aquí, un poco para allá, nuestro destino.

Recordarlo en sus últimos días, alejado de sus amigos, tal vez mirando la tarde por la ventana, pensando quizás en sus grandes compañeros muertos, José Emilio Pacheco (1939-2014) y Carlos Monsiváis (1938-2010), evocando las visitas de su gran amiga viva, Margo Glantz, quien hace poco, el 18 de marzo, mencionó que cumplía 85 años.

O queriendo que él sea el más joven de todos, siempre con sus palabras suaves y sabias, a quien quisiera escuchar, diciéndose uno: el más joven de todos murió hoy.

Sergio Pitol nació en Puebla en 1933. Realizó estudios de Derecho y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México; como diplomático desarrolló una carrera que inició en 1959.

Fue Creador Emérito del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes desde 1993; subdirector de Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores; director de Asuntos Internacionales del Instituto Nacional de Bellas Artes; Embajador de México en Checoslovaquia; secretario académico de la Facultad de Filosofía y Letras e investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.

Entre sus obras destacan las crónicas, cuentos, novelas y ensayos: El viaje, Tiempo cercado, Los climas, No hay tal lugar, Nocturno de Bujara, Vals de Mefisto, Cementerio de tordos, El asedio del fuego, Un largo viaje, De Jane Austen a Virginia Woolf, La casa de la tribu, Adicción a los ingleses. Vida y obra de diez novelistas, El tañido de una flauta, Juegos florales, Domar a la divina garza y La vida conyugal.

Sus libros han sido traducidos a varias lenguas como el francés, alemán, italiano, polaco, húngaro, holandés, ruso, portugués y chino.

Como traductor, otra de sus tareas encomiables, tenemos La vuelta de tuerca, de Henry James (Estados Unidos); Diario de un loco, de Lu Hsun (China); Emma, de Jane Austen (Inglaterra) y El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad (Polonia-Inglaterra), así como el libro de cuentos El ajuste de cuentas, de Tibor Déry (Hungría).

Un drama de caza, de Antón Chéjov (Rusia); Madre de reyes, de Kazimierz Brandys (Polonia); Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrzejewsky (Polonia) y Washington Square, de Henry James, además de la autobiografía Adiós a todo eso, de Robert Graves (Inglaterra). Además está el libro Elogio del cuento polaco, con selección y prólogo de Sergio Pitol y Rodolfo Mendoza, una recopilación de obras de 35 autores polacos representativos de varias generaciones, que comienza en la segunda mitad del siglo XIX con “Memorias de un maestro de Poznan”, de Henryk Sienkiewicz, Nobel de Literatura 1905 y termina con Daniel Odija, de quien se presenta “El túnel”. En el medio está Witold Gombrowicz, uno de los primeros en descubrirlo y difundirlo.

Sergio Pitol fue merecedor de diversos premios como el de Literatura Miguel de Cervantes en Lengua Castellana, en 2005; el Xavier Villaurrutia, en 1981; el Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, en 1993; el Mazatlán de Literatura, en 1997 y el Juan Rulfo en 1999. En 1997 fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y en 1998 recibió el doctorado Honoris Causa por la UAM.

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