LA INDUSTRIA DE LOS SUEÑOS

Vivir en el Golfo

Por Rodolfo Herrera

     En la década de los 80s, a un gobernante se le ocurrió decir que la “Costa Esmeralda representaba el mayor polo de desarrollo turístico de Veracruz, a la fecha, en esa zona no hay turismo y tampoco polo de desarrollo.

 

     Bastaba con la ocurrencia de un irresponsable gobernante para desviar la atención a sus ineficiencias, para que empresarios, prestadores de servicios, especuladores e inversionistas voltearan las zona, cual gambusinos a las pepitas en la fiebre del oro.

    No faltaron los amiguetes del régimen que compraron grandes extensiones de tierra en la privilegiada orilla del mar, para ser parte del negocio del futuro.

     Sobraron los especuladores que como “toma todo”, compraron barato a los ejidatarios y vendieron a precio de lujosa zona residencial en los desarrollos más exclusivos.

     Acostumbrados a ver vacas, granjas y animales de pastoreo, los residentes vieron llegar de la noche  la mañana toneladas y toneladas de asfalto, cemento y materiales de construcción que fueron concentrados para dar inicio a la construcción lo más pronto posible..

     En poco tiempo, ya había decenas de restaurantes ofreciendo los más variados platillos de la cocina regional y el marisco, que en la zona era abundante.

      Decenas de hoteles, uno junto a otro, lucían sus más modernas construcciones y cómodas instalaciones, con alusivos de embarcaciones y piratas, para garantizar una estancia placentera en el arrullo del mar, el murmullo de las aves y el cálido viento de la costa del Golfo de México.

     El gobernante se fue y junto con él, los sueños de los que creyeron en la palabra de un político, la realidad fue devastadora para los que lo invirtieron todo, el panorama hoy es desolador.

     Los accesos carreteros que conectarían de todos lados no existen y por consiguiente, el único acceso es por una carretera dañada, angosta e insegura, no hay plantas de tratamiento residuales, no hay servicios, no hay vida nocturna y como consecuencia de todo ello, no hay turismo.

     Hoy la postal de la Costa Esmeralda es triste, a lo largo de varios kilómetros se observan algunos hoteles funcionando, el resto están abandonados, desgastados por el paso del tiempo, solo unos cuantos restaurantes, los animales de pastoreo regresaron a las ruinas y las tierras que en un principio fueron para producir alimentos hoy son de ambulantes con ofertas para uno que otro despistado.

    El turismo cultural, el de aventura, el de descanso, el del primer mundo nunca llegó,

    Y no es que el proyecto no haya sido viable, lo malo es que se apuntaló sobre la ocurrencia de un político sin compromiso, como esos que hoy andan por ahí con espejitos ejerciendo lo único que saben hacer, prometer en esa, su exitosa e inacabable fábrica de sueños ¿No es así?

QUÉ HACEN LOS ALCALDES?

     Se supone que antes de entrar en funciones los 210 alcaldes lo prometieron todo, incluso algunos se comprometieron a transformar sus ciudades, hoy de ellos no se sabe nada, permanecen en la frescura de la oficina tras haberse sacado esa lotería, degustan dátiles y refrigerios cual árabes en abundancia, al único que se le observa trabajando de noche, firmando pactos anticorrupción, de discrecionalidad y compromiso de desarrollo, es el de Boca del Río Humberto Alonso Morelli, a los vecinos de las colonias más alejadas les extrañó ver al alcalde en traje de faena a las 3 de la mañana con casco, dirigiendo barredoras y cuadrillas de bacheo, ese es el escándalo que a los ciudadanos no les desagrada, ojalá siga así, sin escuchar a sus vecinos alcaldes de otros lados, no sea que lo vayan a contaminar y entonces sí, ya estemos todos completos.

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