Despiden en Bellas Artes a Cuevas

Las cenizas del artista gráfico, escultor y escritor, José Luis Cuevas, nacido en la Ciudad de México y quien murió el martes a los 83 años, fueron el centro del homenaje luctuoso por parte del INBA que se llevó a cabo en el Palacio de Bellas Artes la tarde del miércoles.

Al máximo recinto cultural del país llegaron familiares, amigos, funcionarios, representantes de la comunidad cultural y artística del país, así como público en general, para hacer un reconocimiento a quien puso en alto el nombre de México en el mundo, como el arquitecto y escultor Fernando González Gortázar, quien ofreció algunas palabras.

“Hoy José Luis Cuevas nos ha abandonado y yo lo lloro, pero su trabajo, tan amplio como inagotable, y su facultad para mirar tan lejos como pocos artistas pueden hacerlo, no se irán, permanecerán porque, lo sepamos o no, forman parte de nosotros (...) Cuevas ocupará su sitio entre los más altos constructores de nuestra cultura”, dijo Gortázar.

La secretaria de Cultura federal, María Cristina García Cepeda; la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, Lidia Camacho; el secretario de Cultura de la Ciudad de México, Eduardo Vázquez Martín, y Beatriz del Carmen 
Bazán, su viuda, montaron la primera guardia de honor en torno a los restos del pintor, grabador y escultor José Luis Cuevas.

Las hijas del pintor mexicano, Ximena, Mariana y María José, realizar la segunda guardia de honor alrededor de la urna de color blanco que resguarda las cenizas de su padre, pintor y grabador mexicano formado en el arte de manera prácticamente autodidacta.

“Te recibimos en este Palacio de Bellas Artes para decirte hasta siempre, porque esta casa, la casa de la excelencia artística, tiene capítulos inolvidables para la vida y obra de Cuevas”, dijo la titular de Cultura.

Cuevas, creador de las esculturas “La Giganta” y “La figura obscena”, fue un personaje polémico dentro del universo artístico mexicano por su postura frente a la forma de ver el arte en su época, sobre todo en su juventud. Atacó a los consagrados muralistas mexicanos como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, acusándolos de ser demasiado cercanos al gobierno y mostrando la realidad mexicana desde detrás de una “cortina de nopal”.
A menudo considerándose a sí mismo como un “gato macho”, su forma de ser provocativa le valió enemistades en México y paradójicamente tuvo durante algún tiempo mayor aceptación fuera de su país natal.

El creador de la escultura “Hombre mirando al infinito” recibió muchos reconocimientos, entre los que están el Premio 
Internacional de Dibujo en la V Bienal de São Paulo, en 1959, el primer Premio Internacional de Grabado en la I Trienal de Nueva Delhi, en 1968. En 1981 fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México y en 1991 con la orden de Caballero 
de las Artes y de las Letras de la República Francesa.